Reportajes
“Un oficio muy especial… muy divertido”
Última actualización el Viernes, 16 de Enero de 2009 11:32 Escrito por Aurea Salinas Miércoles, 20 de Agosto de 2008 08:07
-¡Así sí le cargan verdá! Nomás pa salir bien en la foto…
-Chíaaa… qué pasó… -dijo Juan sin dejar de asomar una
sonrisa penosa y sin dejar, claro está, de cargar las cajas de pepinos que
venían en la camioneta.
Desde hace medio año Juan se encuentra en el
programa La Casa Transitoria de El Caracol AC, una organización dedicada a
contribuir a la visibilidad e inclusión social de la gente que vive en la calle
y de la que corre el riesgo de estarlo. El Programa de La Casa
Transitoria es un espacio reflexivo que ofrece a estas poblaciones un
albergue temporal y acompañamiento educativo profesional, con el fin de
formar hábitos, valores y capacitación en los jóvenes, además de
brindarles el tratamiento adecuado en caso de tener una adicción. Lo que les
permitirá adquirir habilidades para comenzar una vida independiente, que se
caracterice por tener un empleo fijo, sin consumir sustancias y vivir fuera de
las calles*.
*
Su complexión gruesa y piel morena se conjugan con
el tono “mocho” de sus palabras para darle una singular presencia dentro del
equipo.
Catorce son los días que pasan para que Juan, junto
con los chavos de La Casa puedan ir a cumplir con una jornada de ocho horas a
La Central de Abasto, días, que según Juan, son muy esperados todos. “Nos llama
la atención ir a apoyar y traer el alimento y los latios para
todos los compañeros”.
Según los educadores esta ansiada espera es porque
representa para ellos un espacio de convivencia con otras personas
externas a El Caracol. “Ubicamos campos reales de acción donde los
chavos pueden descubrir y potenciar sus habilidades, además de que este espacio
les sirve para socializar” dijo Nadia Balderas educadora del programa La Casa
Transitoria.
“El
trabajo de la central de abastos es una diversión"
“¡Viene, viene!”, “¡épa!”, “¡uuu!”, eran las
expresiones que dejaban ver el cansancio, pero al mismo tiempo, la disposición,
dinamismo y gusto por la chamba. Pedro parecía quebrarse, a pesar de ello
en ningún momento se “abrió” como ellos dicen. Las cajas de doce kilos
las cargaba con dificultad y aunque lo negaba, las líneas de
expresión formaban pliegues de piel en su rostro que dejaban asomar sus
dientes y ocultar sus ojos. “Chale carnal, ya me cansé” fue la frase que lo
confirmó.

Después de subir en el montacargas las más de 20
cajas de verduras, Lalo, con la paciencia y actitud del clásico personaje mal
encarado, grandulón y fornido, jaló la carga y la metió en el Banco de
Alimentos. Evitaba a toda costa salir en las fotos, pero a pesar de ello la
cámara logró hacer tomas que desmienten esa primera impresión: unos
cuantos bizcos y unas lenguas salidas lo retrataron distinto.
“Ensuciarse las manos para poder educar”
“El acuerdo que tenemos con el Banco de Alimentos
es que para ser beneficiarios de su proyecto, los chavos tienen que cumplir una
jornada de 8 horas de trabajo en un día, que es el momento en el que
vamos por nuestro abasto” declaró Jorge Curiel educador de El Caracol. Sin
embargo, esta actividad también tiene un propósito educativo que aprovechan
para fomentar la cultura del esfuerzo y el trabajo en equipo.
De poco valdría si actividades como esta se
hicieran de manera direccional. Por ello, el educador en turno, tiene que
acompañar esta actividad realizando las mismas labores que los educandos. Para
el coordinador de El Caracol, Luis Enrique Hernández, estas actividades
perderían su propósito educativo si no fuera de esta manera, pues hay que
“ensuciarse las manos para poder educar”.
“Si hay que descargar un camión el educador
tiene que descargar junto con ellos el camión porque con ello se fomenta
el trabajo en equipo, además para que no tengan motivo de decir ‘ah es
que tú solamente lo dices y no lo haces’ ” apuntó Jorge Curiel.
En particular, aseguran los educadores de La Casa
Transitoria, que “esta generación de chavos tienen un sentido del trabajo
muy arraigado incluso son propositivos no hay que estarles insistiendo. Ellos
se dan cuenta de las necesidades y actúan” apuntó Nadia.
Sin reticencias para participar cargaban y
organizaban el abasto que recogieron. El paso de las 8 horas se veía en
sus rostros mojados de sudor. El empeño puesto en esta jornada permitió ver
que los chavos aprovecharon sus habilidades al máximo. Juan, como
organizador y cargador más veloz. Pedro, simpático, trabajador. Uriel,
siempre abriendo esos ojos rasgados y ayudando en la labor y Lalo, callado pero
siempre colaborando.
“Ellos te ponen el ejemplo” declaran los educadores; y es que "el 80 % de los chavos que tenemos en La Casa es de perfil callejero y se particulariza por apoyarse, trabajar y como ellos dicen “no abrirse” añade Nadia Balderas.


